الخميس، 23 أبريل 2009

Gritos en el Viento



Septiembre 2020


Temprano, una mañana de septiembre, estaba en mi camino a la universidad. Como siempre tomé el nuevo metro que fue construido en el centro de la calle “Abbassia”.

Era común competir entre los pasajeros para lograr entrar en el vagón del metro y estando adentro encontrar rápidamente el mejor lugar. Así que no difiere en nada a los relatos de mi madre, acerca del metro-subterráneo y de su sufrimiento cada vez que lo abordaba. Afortunadamente ese día estaba completamente vacío, pues era el primer día de la escuela y los estudiantes todavía estaban disfrutando otra semana de reposo y relajación. Lo que me sorprendió fue que había un asiento vacío. Entonces me senté viendo alegremente todo lo que había alrededor.

Me sentía afortunada, pues mi asiento estaba junto a la ventana; así que relajé la cabeza en el cojín, esperando la llegada a la estación.

Mientras estaba sentada, miraba desde la ventana y disfrutaba de la vista de los coches y autobuses llenos de personas, pensaba que se veían como “el estomago de una lombriz”. De repente se paró el metro. Creí que sólo se habían apagado las luces, y que pronto comenzaría a moverse de nuevo.

Sin embargo, el tiempo avanzó y el vagón no se movió ni un ápice. Luego vino el conductor y anunció que el metro había fallado, y que necesitaría veinte minutos para que actuase de nuevo. Dijo que quien quisiera salirse para coger un autobús, que lo hiciese, y quien quisiera sentarse y esperar, que esperase.

Dado que no sabía otra forma de llegar a la Escuela y que sólo faltaban cinco minutos para la primera clase, preferí permanecer en el metro hasta que todo se arreglase. Además, el metro estaba completamente vacío de personas, pues todos habían corrido para intentar coger otro medio de transporte y así llegar a tiempo a su trabajo.

Decidí escuchar música hasta que se moviese el metro. Apenas acercaba los audiófonos a mis oídos cuando escuché un llanto llevado por el viento, desde la parte derecha de la ventana.... No pude entender de dónde venía el llanto... miré a la derecha y a la izquierda, pero no había nada. El metro estaba casi vacío, sólo había dos hombres, completamente dormidos, y una mujer que tejía su ropa a la luz de la mañana.

Pensé que el sonido había sido inspirado por mi propia imaginación. Levanté los audiófonos y ya casi tocaban mis orejas, cuando volví a escuchar el llanto. Esta vez estaba acompañado de una voz semi-humana que hablaba muy despacio y con profunda tristeza, tan conmovedora que provocaba las lágrimas del que la oyese.

Habló la voz, y aunque no sabía de dónde venía, escuché muy atentamente y afiné todos mis sentidos para interpretar sus palabras.

La voz lloró fuertemente, acompañada por el sonido del viento, y decía:

Ay mi historia, que nunca me aburro de contarla a los oídos de la vida…

Ay mis heridas, que no encuentro cura para ellas, a pesar de que ha pasado el tiempo y sus causas se han ido por fin debajo de la tierra

Ay la amada de mi alma… ¿dónde estás en este tiempo triste? Es muy duro sin ti.”

La voz se quedó en silencio por un momento, que me pasó como horas. Me imaginé que el mundo se había detenido a mí alrededor, y que no había nada, sólo la voz hablando y mis oídos escuchando con gran interés.

Momentitos más tarde escuché el canto de un ave... un canto triste, tenía el eco de un pájaro muy viejo.


La voz habló de nuevo:

"¿Has llegado, mi amigo?
¡Cuánto feliz me pongo cuando te veo!
Pues eres el único recuerdo que me queda de ella… del amor de mi alma
"

La voz se quedó en silencio y aumentaron los cantos de los pájaros. Luego volvió a decir:

"Bueno, mi amigo... Pensé que te habías hartado de la historia, pero si quieres, te la cuento de nuevo... ...
déjame recuperar mis recuerdos”

Pasaron unos momentos hasta que la voz profunda empezó a contar al ave:

"Yo nací aquí, en este pedazo de tierra, y aquí también la conocí.

Nació en este pavimento, en el otro lado, en el lugar de esta terrible cosa llamada Metro.
La vi, y me fascinó el verde de sus hojas, su bien hecho tallo marrón y la prosperidad de las flores a su alrededor.
Creció delante de mí, y cada día su prosperidad me fascinaba más y más...
Vivía por ella y deseaba darle mi vida…
Busqué mensajeros... supliqué a las aves que le informasen sobre mi amor. Y tú, mi amigo, me ayudaste en mi juventud, y te dirigiste a contarle de mi amor y de mi ansia...
No envió su respuesta. Esperé mucho tiempo, se rompió mi corazón del ansia. Me rodeó la desesperación… y llegué a pensar que no me amaba y nunca me amaría.

Hasta que me sorprendió un día, una flor de las que le cuidaban a ella, dijo que me quería… tanto como yo a ella. Me lo envió por la brisa y por su perfume delicado. Me sentí alentado por el corazón.
Y comenzaron mis días a disfrutar de mi amor, con ésta que me hizo probar la dulzura de la vida.
Le enviaba los granos de polen con las mariposas y con el viento, ella los recibía y los guardaba como verdaderos tesoros. Luego creó con ellos hermosas flores durante la primavera y más tarde deliciosas frutas que ganaron la admiración de la gente que pasaba por ahí

Fuimos felices durante muchos años, disfrutábamos del amor, y vivíamos entre el canto de los pájaros, los perfumes de las flores, y los preciosos colores de las mariposas.

Sufríamos mucho... bebíamos copas de amargura diariamente... y el amor de mi alma se enfermaba de vez en cuando, pues absorbía gran cantidad de gases y hum; lo que deshizo su pecho y quemó su corazón.
Era un ángel suave que prefería a los otros antes que a sí misma. Bebía gran cantidad de los venenos y las toxinas que llenan el aire, sólo para proteger a los humanos.

Compartí el trabajo con ella pero su enfermedad me partió el corazón. Ella nació débil, con la raíz frágil y en cualquier momento podía marchitarse.

A pesar de todo eso, éramos felices en nuestra vida juntos, hasta que vino el fatídico día... ... ... "

Se detuvo un poco la voz, y sentí que mi corazón se detuvo con ella...

No era fácil creer lo que oía, y era imposible salir del lugar sin escuchar el resto de la historia. Gracias a Dios que el metro estaba descompuesto.

Aumentó la voz que lloraba con el triste canto de lo pájaros, y luego empezó a hablar de nuevo:

"Fue el peor día de mi vida...
Los vi venir desde lejos, con las hachas y las pequeñas máquinas en sus manos…

No había comprendido al principio lo que iban a hacer...
Los vi cuando se acercaron a los primeros amigos...
Y....
Empezaron a golpearlos fuertísimo con sus hachas…
¡Mi corazón casi detuvo su palpitar del horror!
¡No podía imaginarlo!
¡La iban a matar!
¡Se la llevarían, aunque haya sufrido mucho por ellos!
¡No!… ¡No!… ¡No lo harían!…
Mantuve la esperanza, y la apoyé... le aseguré que no la podrían tocar… pues les había ofrecido mucho…

Lloró mi amor…

Sus lágrimas eran como unos cuchillos que me mataban…
Deseé darle mi vida…
Pero....
¿Desde cuándo la vida da lo que espera el corazón?
Los vi acercándose...
Le tocaba el turno a ella…
¡Grité!
Atestigüé al viento....
Supliqué a los pájaros....
Pedí la ayuda de las mariposas…
Pero eran más débiles que la voluntad de los humanos, que tienen los corazones petrificados, que la piedra es más suave y más misericordiosa que ellos.
La golpearon fuertemente con las hachas....
¡NO!
¡¡MI BEBÉ!!
¡¡El amor de mi vida!!
La mataron…
Se la llevaron…
Y con el viento, me envió un “te quiero” con el último respiro....
Se la llevaron… ¿A dónde, mi bebé?
No sabía....
¿Y dónde está ahora?
Mi vida es durísima sin ella....
Ya no quiero vivir… que ya me corten y que me lleven con ella

La voz paró de hablar... se calmó el llanto... y aumentó el canto triste de los pájaros.

Volteé mi cabeza rápidamente hacia donde venía la voz de los pájaros

Y ¡Dios mío! Vi un gran árbol, tenía muchas ramas que se extendían hacia todos lados. No tenía ni una hoja verde. Se escuchaba el sonido de una ruptura fuerte en la parte inferior... con el grito de un gorrión, que parecía que me iba a dejar sorda...

Luego, se callaron todas las voces, excepto la voz de unos pies que venían desde lejos...

Los vi...
Llevando sus hachas...
Empezaron a pegar fuerte...
Se lo llevaron....
"¿A dónde? No sabía "

¡Y de repente!
Se encendió una luz del metro. Cerré los ojos fuertemente, como si hubiera estado dormida.

El metro lanzó sus silbidos y se rellenó con personas en pocos minutos...

Finalmente se marchó... pero mi mente nunca pudo olvidar lo que ocurrió aquel día...

Recuerdos en la arena



En una conferencia de prensa, un turista mexicano dijo,




"Me llamo Pedro, soy un hombre mexicano. Como muchos en Europa y en América, siempre he sentido fascinado por la cultura egipcia. Así que cuando terminé mis estudios en la universidad decidí viajar a Egipto. Allá visité el museo egipcio situado en el centro. También, visité todos los lugares turísticos en Luxur y Asuan… de verdad, me fascinó todo. ¡Y finalmente mi sueño! Frente a mí "Las Pirámides" ¡Qué impresionantes se ven! Jamás pensé que serían tan grandes.


Al final de la visita, pensé que ya había visto lo más emocionante, pero lo mejor aún estaba por venir…


A medio día, los guías turísticos nos llamaron al autobús para ir a comer. Pero yo, sin quererlo, me quedé viendo algunas cosas que me llamaron la atención.


Cuando de pronto, estaba perdido –o al menos así lo creía. Intenté correr, pero no era fácil correr en la arena. ¡De repente! Estaba en medio de una tormenta de arena… me sentía muy emocionado, pero claro, estaba más asustado que emocionado.


Y fue ahí donde encontré el más extraño tesoro que jamás imaginé.


Eran tres hojas de papel… muy raro papel… estaban escritas en árabe.


Entonces levante la mirada, me di cuenta de que había algunos turistas que vinieron conmigo en el grupo ¡Por fin alguien conocido! Así que corrí hacia ellos, y me subí en el autobús. Todos ahí me regañaron por haber tardado. Les dije que estaba en una tormenta de arena, pero a nadie le interesaba. También les conté sobre las hojas que encontré, pero parecían muy hambrientos, y nadie me hizo caso, excepto el conductor.


Me dijo que el tío del primo de su abuelo sabía leer lo que decía. Entonces me llevó a una casa pequeña, llegamos caminando entre calles apretadas del centro del Cairo. Estaba muy emocionado por saber lo que decían las hojas. El hombre comenzó a leerlas. Era increíble lo que relataba. Mi familia en México jamás me creería lo que me leyeron en ellas. Y bueno, tal vez tampoco lo hagan ustedes si lo leen. Pensarán que sólo es fantasía pero les aseguro que es verdad.


El anciano empezó a leer, y era esto lo que decía… … … …







Mi nombre es "Kiko".


Mi edad es de cincuenta años, aún soy un jovencito.


Nací en una ciudad egipcia, se llama "Shoubra" en una tienda pobre


Mis padres son de origen desértico, y sus padres eran descendientes de "Las Grandes Tortugas".


A la edad de cien años, los llevaron a las tiendas del centro, para que se casaran y empezaran su nueva vida. A mi me trajeron treinta años después.


Cuando llegué a los cuarenta y cinco, me llevaron a otra tienda mejor que la primera, en otra zona que se llama "Misr al Yadida". Allá, pasé cinco años, hasta que vino una familia para adoptarme.


Viví alegremente en la tienda sin molestias ni nada. Todo el día me daban lechuga de buena calidad y agua. Hacía los ejercicios de la mañana cerca de la puerta de la jaula, escalando las barras. Además, el hombre que siempre se sentaba allá viendo la televisión, nos dejaba ver a la gente que iba y venia caminando por la calle. Para nosotros era exactamente como la televisión. A veces me perturbaba y me despertaba a medio día, pero generalmente era un hombre amable y amistoso. También era divertido sentarme a charlar con mis hermanos y mis primos, algunos conmigo en la jaula, y otros de otro tipo de tortugas, viven en el agua… luego os explicaré la diferencia.


Lo más importante es que vino una familia muy pequeña para que me adoptaran -de verdad jamás vi una familia tan pequeña así, eran sólo cuatro miembros… nosotros y mis hermanos éramos treinta, cinco se murieron, entonces quedamos sólo veinticinco. Yo estaba muy emocionado, pues, me llevarían a un lugar nuevo, saldríamos a pasear y me traerían lechuga y pepino.


Oí a una mujer mayor, y al lado de ella había un hombre que parecía bien educado, preguntando al hombre de la tienda sobre alguna cosa que no entendí. Él les respondió con un número… cincuenta creo.


Y vinieron otros humanos, menores que los otros de estatura. Me despedí rápidamente de mis parientes en el agua y mis familiares en la jaula, y ya me llevaron. Uno de ellos me llevó, y andaban hasta que llegaron a algo enorme que se parecía a la jaula pero más grande y sin barras. Entraron, se sentaron, y de repente esa cosa empezó a moverse.


Los pequeños humanos peleaban al principio sobre quien me lleva. Realmente me sentía muy feliz y orgulloso.


Luego, esta enorme jaula se paró, y todos salieron de ella. Los pequeños me llevaron, y anduvieron hasta que llegaron a una tienda enormísima… pero, estaba tan vacía, sin gente que fuera y viniera ni nada.


Tiempo después, me pusieron en una jaula grande de color marrón, pero sin barras. ¡Qué raro! Es muy floja… no sé de qué está hecha. ¡Qué lástima! Ya no podré hacer los ejercicios de la mañana… pero no hay problema, encontraré alguna forma. De momento, pusieron algo debajo de mí, que no sé que es. Algo largo que cuando se pliega o se extiende hace ruido. Estaba lleno de arena negra extendida… pero ¡Qué extraño! Cuando la tocaba, no la encontraba… como si hubiera fusionado en esa larga cosa.


Y ya, me pusieron dos platos de lechuga. Tomaron la jaula, y la pusieron en una parte de la tienda donde hacía frío… pero no importaba, me escondí debajo de mi caparazón. ¡De repente se fue el sol! No supe cuándo vino ni cuándo se fue… pero bueno, me dejaron, me comí la lechuga, hice pipi, y ya me dormí.


Así, empezó mi nueva vida con esa familia.


***



El primer día:



Desperté por la mañana por la bonita luz del sol. Salí del caparazón, y bostecé fuertemente. Lo mejor de esta jaula es que estaba abierta al cielo. Veía todos los lindos colores y a nuestro vecinos, los pájaros, cantando arriba. De verdad, era una escena preciosa.


Miré alrededor, y encontré que la lechuga se había acabado, y nadie me había traído nada de desayunar. Me quedé esperando tantito, hasta que vino uno de los pequeños humanos, que me llevó…. ¿hasta dónde? No sabía.

Lo grité:


-" ¡Tengo hambreeee!"


Pero no me hizo caso.


Esta tienda se veía grandísima, tenía muchos suburbios aquí y allá, que estaban completamente vacíos. No vi ni un género de los animales, nuestros amigos. Me parecía que a las personas aquí les gustaba la soledad.


Bueno, me llevó a un lugar pequeño y me puso sobre algo liso y demasiado frío. Y ¡De repente! Encontré agua-de la que bebemos- cayendo sobre mi cabeza. Me asusté mucho, y le dije,


-"¡Suficienteeee! Llévame fuera de aquííí… mamá míaaaaa… aaayyyy".


Pero actuó como si no hubiera oído nada.


Entonces, puso algo de color extraño sobre mi caparazón… me parecía que quería tomarlo para sí mismo, pero le grité fuertemente:


-"¡¡Déjalo… es mío!!".


Y ¡que bien! Creo que se asustó por mis gritos, pues lo dejó inmediatamente… pero… agarró una cosa grande con muchísimos dientes que me dio miedo


-"¡AY!"


Entonces la movió varias veces por todos lados. De tanto mover, vi burbujas saliendo de esta cosa, se veían como aquellas de que me contaron mis primos en el mar… me alegré mucho


-"Yupiiii yupiiii".


Intentaba acercar mi cabeza a las burbujas, y apenas me tocaron los ojos… ¡me ardieron tantísimo!


-"¡Mamá míaaaa! aaayyy".


Pero poco después, el pequeño me puso debajo del agua, y ya se fueron las burbujas, aunque me quedaron ardiendo mis ojos.


-"Yaaaa… llevadme de aquí… ¿qué estás haciendo aún, chiflado?... devuélveme a mi jaulita… ¡tengo hambreee!".


El pequeño rodeó mi caparazón, y siguió haciendo lo mismo


-"¡Dioooos! Es increíble… deja ya mis manos y mis pieees".


De hecho, se quedó moviéndome tanto tiempo hasta que me causó vértigo. De verdad, no sé por qué hizo eso. Finalmente, cuando ya acabó, me agarró y me puso sobre una cosa suave y muy tierna. Me secó los pies, las manos, y el caparazón.


-"Ah si, así es. Te empezaba a odiar, pero volví a quererte de nuevo. Aunque todavía no te daré mi caparazón”.


Cuando por fin mis pies tocaron la tierra, me empecé a relajar, y a sentir ganas de dormir.


Pero lamentablemente, no me dejaron. Vino su hermano y empezaron las molestias.


-"Tengo hambreeee…. Dejadme dormir".


Pero ni modo. Se quedaron agarrándome, poniéndome en todos lados y viéndome todo el tiempo como si fuera un pez ornamental que saltaba en el agua.


Por fin, pasaron las horas y vino la noche, y me pusieron en la caja (así les oí llamarla). Me trajeron lechuga, y me la comí como si fuera la última vez que comía en toda mi vida. Luego ya no me sentía, y me caí dormido.


***



El Segundo día:



Por la mañana, me sentí demasiado débil como si hubiera estado corriendo toda la noche. Tenía un horrible dolor en la cabeza, tan fuerte que ni me di cuenta del canto de los pájaros ni del color azul claro del cielo. No tenía ganas de comer… ¡ay que día fue ayer!... ¡cuánto extraño a mi jaulita y al hombre sentado!


Temía mucho que este día pasara igual que el otro. Me escondí adentro del caparazón y ya no quería salirme. Me sentí tan triste, y con mucha nostalgia por la tienda. Ya no quería quedarme en esa tienda, aunque fuera enorme.


Pero lo que pasó después, me hizo cambiar mi opinión.


Un poco después de despertarme, uno de los pequeños humanos vino a verme, y a cambiar lo que estaba debajo de mí. Cuando ya todo estaba listo, me llevó y salió de la gran tienda donde vivía con los otros humanos.


Y en un momento, llegamos a donde no vi –porque estaba escondido aún en el caparazón- y me dejó en la tierra. Me quedé asustado sin ganas de salir un tiempo. Pero como sentía el calor del sol y el aire refresco, empecé a salir poco a poco. Y ¡Dios mío! Me encontré en un huerto grandísimo, donde había flores y plantas verdes por todos los lados. Me salí completamente y ¡VAYA! La zona verde estaba extendida a la vista y no podía ver dónde terminaba. Me emocioné muchísimo, y empecé a caminar entre las plantas y las flores.


Me dijeron antes que las flores saben riquísimas. Así que decidí comprobarlo. Me acerqué a una flor amarilla y me la comí. Y era verdad, sabía muy muy rica. Vi las mariposas volando en el cielo, hacían tan bonita escena con sus colores. Una de ellas de color naranjo con azul, se me acercó, y se paró sobre mi nariz.


Caminé tan feliz, ¡Cuándo de repente… … … … … … … … …"



El turista dejó de leer unos segundos, pero después dijo,


"Por desgracia, esta hoja no está completa. Tampoco el diario está completo, pues son sólo tres hojas. Le pedí al Ministerio de la Cultura que buscasen en la arena cerca de las pirámides a ver si encuentran más. La petición está en correo. La hoja que falta cuenta el último día en la vida de la gran tortuga. Dice así… …




Cien años después:



Estoy ahora sentado en mi cama. Ya veo venir la muerte… ¡qué alegría! Ya me voy con mis abuelos "Las Grandes Tortugas".


Recuerdo ahora cuando conocí a mi esposa por primera vez. Hace muchos años… dejé la casa de los humanos pequeños, donde viví días tristes y felices. Luego fui a otra casa de un humano mujer con su hermano. Me trataron muy bien.


Ya he citado todo eso antes, pero como creo que éste ya es mi último día en la vida, me gusta recordarlo todo. Por fin… me llevaron al lugar de mi patria… "El Gran Desierto"…


Aquí conocí a una hermosa preciosa tortuguita, con los ojos azules y el caparazón rubio. Me robó el corazón… me casé con ella y diez años después trajimos treinta y cinco niños guapísimos, ya se casaron y todos están en sus casas tranquilos.


Gracias al Dios inmenso… me dio todo, me bendijo y me recompensó. Estoy acostado ahora esperando que venga mi mujer con el médico. Ya los veo. Siento algo extraño… mi alma está volando… pero… respiro difícilmente y mi pecho está cerrado… estoy… yo… estoy… es… … …





"Pedro… Pedro… venga hombre… despiértate… así vas a llegar tarde al trabajo"




La voz sonó en sus orejas.


Se levantó y… …





¡Qué sueño!






Fin.